Anderson apretó los puños hasta que las uñas le mordieron las palmas. Sobre la mesa mugrienta, junto a una botella de bourbon vacía, descansaba la libreta negra. En sus páginas, escritas con letra temblorosa de furia contenida, había nueve nombres. Nueve nombres de hombres y mujeres que habían reído mientras Mary se ahogaba. Nueve nombres que él había tachado uno a uno.
—Queda uno —dijo en voz alta, y su propia voz le sonó como el graznido de un cuervo. Escupire.Sobre.Sus.Tumbas.Capitulo.28
—Lo sé.
—Escupiré sobre su tumba —susurró, mientras la noche se tragaba sus palabras—. Y luego escupiré sobre la tumba de todos los que lo aplaudieron. Anderson apretó los puños hasta que las uñas
—¿Sabes lo que dijo Mary la última noche que la vi? —preguntó, sin esperar respuesta—. Dijo: "Anderson, algún día escupiré sobre sus tumbas". Tenía quince años. Ya entonces lo sabía. Ya entonces sabía que el mundo la iba a devorar. Nueve nombres de hombres y mujeres que habían
Anderson cogió la libreta negra, arrancó la última página y la acercó a la llama de la vela. El nombre de Harwick ardió lentamente, retorciéndose como un gusano de tinta y ceniza.