La entrevista se convirtió en una especie de espectáculo. El candidato hizo un baile improvisado, y yo me uní a él. La gente de la oficina se rió y aplaudió, y antes de que me diera cuenta, la entrevista había terminado.
A medida que la entrevista avanzaba, las preguntas se volvieron más absurdas. Le pregunté si podía resolver un problema de matemáticas en su cabeza, y él comenzó a hacer cálculos con los dedos. Me reí y le dije que no era necesario, pero él insistió en demostrar sus habilidades.
También me enseñó que la risa y la diversión pueden ser herramientas poderosas en el proceso de selección de personal. La entrevista había sido divertida, y había permitido que el candidato se sintiera cómodo y relajado.